CUANDO SENTIR MIEDO NO ES BENEFICIOSO
28 mayo, 2012
El genial Aristóteles afirma en su Etica a Nicómaco que lo crucial del tema de las emociones es el conocer cuándo y cómo expresarlas para que de esta manera contribuyan al bienestar individual y social.
Las emociones nos predisponen para la acción de una manera determinada. De hecho la palabra emoción deriva de la palabra latina emotio que deriva del verbo emovere y significa: “movimiento hacia”. Una emoción nos saca de nuestro estado habitual, nuestro estado “neutro” o de “equilibrio”.
Los seres humanos, a lo largo de un millón de años desarrollaron y consolidaron, una serie de emociones que les ayudaban a reaccionar ante situaciones de manera que pudieren asegurar la supervivencia. Estas reacciones, en su evolución biológica, se han llegado a integrar en el sistema nervioso como tendencias innatas y automáticas. Lo que ocurre es que las circunstancias del ser humano posmoderno nada tienen que ver con las del pleistoceno. En cambio disponemos del mismo repertorio de recursos emocionales. Y esto en algunos casos puede ser contraproducente.
Por ejemplo, sentir miedo y su correspondiente reacción puede significar la vida o la muerte de un individuo en un momento determinado cuando se encuentra con un león o con el enemigo. Aunque puede ser un auténtico obstáculo cuando se encuentra a las puertas de examinarse de clase algo importante. En el primer caso el cuerpo estará tensado de tal manera que le permita correr como nunca o golpear con una fuerza inusual. En el segundo caso lo más probable es que la capacidad de memoria disminuya y tenga dificultades para concentrarse aumentando las posibilidades de fracaso.
Es digno de tener en cuenta, que el ser humano es el único animal capaz de estresarse con el pensamiento. No en el sentido de acabar agobiado por pensar demasiado. No, en el sentido de anticipar un “peligro”, una situación que “aquí y ahora” no existe. En pensar, por ejemplo, que si cuando sea viejo voy a tener jubilación, de si viviré una guerra alguna vez o de si veré mi país gobernado por políticos honrados y competentes… Estos pensamientos y otros muchos que nos asaltan en nuestra vida cotidiana (como cuando entra nuestro jefe por la puerta de la oficina…) provocan un torrente bioquímico de consecuencias no gratuitas en nuestra fisiología. Emociones como el miedo si son experimentadas de un modo continuado acaban produciendo efectos perniciosos sobre nuestra presión arterial, ciertos órganos vitales y lo peor de todo es que cada vez nos volvemos más propensos a reaccionar de la misma manera y a interpretar la realidad bajo los parámetros de un torrente hormonal específico.
Ser conscientes de cómo reaccionamos, en qué circunstancias, etc y si esta manera de reaccionar nos perjudica, es el primer paso para intentar reaccionar de manera distinta. Para ello nos podemos de ayudar de distintos recursos, como la respiración, escribir aquello que nos angustia y relatar su evolución a lo largo de quince días o un mes (para poder tomar distancia y relativizar), hacer actividades que nos proporcionen bienestar (como el contacto con la naturaleza o relaciones sociales satisfactorias), etc…
Tenemos un repertorio emocional que procede de la noche de los tiempos y que nos es de vital importancia. De lo que se trata es de hacer todo lo posible para que no nos vaya a la contra en las circunstancias que vivimos en el siglo XXI.
POSPONER LA GRATIFICACIÓN NOS HACE MEJORES
21 mayo, 2012
Existe un experimento realizado en los años 60 por Walter Misehel (Universidad de Stanford) con el nombre de “test de las golosinas”. Este experimento puso a prueba la capacidad de resistir un impulso (fundamento del autocontrol emocional) en niños de cuatro años de edad.
Misehel dijo a un grupo de niños reunidos en una habitación que tenía que ausentarse durante veinte minutos. Les invitó a que comieran, mientras tanto, una golosina que había para cada uno de ellos encima de una mesa. Y añadió que si esperaban a que regresara, sin comer la golosina, les premiaría con dos. ¡Todo un reto para un crío de cuatro años!
No todos consiguieron vencer el impulso, está claro. Los que lo consiguieron, utilizaron diferentes estrategias para no sucumbir a la tentación. Entre ellas: taparse los ojos, mirar al suelo, hablar consigo mismos, cantar, incluso dormir…
Doce años más tarde Misehel hizo el seguimiento de este grupo. ¿Qué encontró? Que aquellos niños que habían sido capaces de demorar la gratificación de la golosina se diferenciaban a nivel emocional y social de manera significativa respecto de aquellos que no habían sido capaces. Se trataba de adolescentes que les costaba desmoralizarse ante situaciones tensas. Que no se desconcertaban o sabían qué responder cuando se les presionaba. Eran adolescentes responsables que no rehuían del riesgo, que confiaban en sí mismos y en los que confiaban sus compañeros y seguían siendo capaces de demorar la gratificación en la consecución de objetivos.
El hecho de ser capaces de demorar una gratificación es lo que permite a una persona poder acabar aquello que ha empezado. De seguir adelante ante los obstáculos. Puesto que éstos son vividos como una oportunidad de aprendizaje. Llevar a cabo una dieta, unos estudios, un proyecto empresarial… requiere de ese saber demorar la gratificación inmediata para conseguir el objetivo. Tener una perspectiva a medio y largo plazo.
Ahora que sabemos que la visión cortoplacista del mundo financiero nos ha llevado a una situación crítica a nivel mundial, cabe preguntarse si aquellos que son responsables de lo que está pasando forman parte del grupo de niños que no fueron capaces de demorar la gratificación y engulleron la golosina así que tuvieron oportunidad.
LOS PILARES DE UNA COMUNICACIÓN PERSUASIVA
14 mayo, 2012
¿Quién de ustedes quiere tener la capacidad de persuadir a su interlocutor cuando tenga las cosas claras de cómo y por qué hacer una cosa? Pues si quieren tener esta capacidad, sepan que un discurso que tiene la intención de movilizar con razones a otra persona a creer o hacer algo (esta es la definición de persuasión de la Real Academia Española de la lengua) está compuesto por tres pilares. ¡Por cierto, lo que ahora les voy a contar lo escribió Aristóteles hace veinticinco siglos atrás en su Retórica!
El primer pilar es el Logos o discurso. Es decir, aquello que tenemos que decir, el contenido. Lo que tenemos que tener en cuenta es que nuestro discurso necesita de una estructura. ¿Por qué? Porque necesitamos no perder el hilo de nuestra exposición y necesitamos que a nuestro interlocutor le llegue de manera clara aquello que le queremos decir. Para ello es aconsejable hacer una introducción, exponer el tema en un máximo de tres puntos (no somos capaces de recordar más de tres puntos según la neurociencia) y una conclusión vinculada con el inicio. ¡Por cierto, la exposición de los tres puntos ha de ser de menor a mayor importancia! ¡El clímax lo dejamos para el final como en las películas!
El segundo pilar es el Ethos que significa credibilidad o autoridad como orador. Un factor poderoso de credibilidad ante los demás es nuestra propia experiencia. Los demás compran experiencia. Si saben que quien les habla sabe de lo que habla no porque lo haya leído sino porque lo ha experimentado, su predisposición a creerle se multiplica por ¿pongamos un millón de veces? Y para que los demás sepan de nuestra experiencia debemos verbalizarla. No es una cuestión de arrogancia, tenemos el derecho y la obligación de verbalizarla para dejar clara nuestra autoridad.
El tercer pilar es el Pathos; fundamental y que la mayoría de las veces no se tiene en cuenta. Es decir, el establecer un vínculo emocional con la audiencia. Como por ejemplo empezar la primera frase de una presentación con una pregunta general para incluir a todo el mundo. Nombrar a nuestro interlocutor por su nombre, transmitir pasión en aquello que se dice, establecer contacto visual con aquella o aquellas personas a las que nos dirigimos, utilizar el humor siempre que sea posible…
¿Quiénes de ustedes pondrá en práctica los tres pilares de un discurso persuasivo? Háganlo y sabrán por propia experiencia que funciona. Y sentirán que su autoconfianza crece.
LA SENSACIÓN DE AISLAMIENTO SOCIAL
7 mayo, 2012
La revista Science publicó un estudio en 1987 en el que afirmaba que la sensación subjetiva de aislamiento tiene “la misma incidencia en la tasa de mortalidad que el tabaco, la tensión arterial elevada, el alto nivel de colesterol o la falta de ejercicio físico”.
La sensación de aislamiento es aquella en la que el individuo se siente desarraigado o que no tiene a nadie a quien recurrir. Esto genera una gran ansiedad emocional. A nivel del organismo se traduce en una producción hormonal descompensada mantenida en el tiempo que acaba pasando factura. El estudio antes mencionado pone ejemplos estadísticos que mostraban que las personas que tenían sensación de aislamiento tardaban más días en recuperarse de una intervención quirúrgica en comparación con personas que tenían apoyo familiar o de amistad. Incluso afirma que el nivel de mortandad en trasplantes de médula ósea era más alto en este tipo de pacientes.
Por ello es importante tener o establecer una red de apoyo emocional a lo largo de nuestra vida. El hecho de saber que tenemos gente a quién poderles explicar aquello que nos angustia hace que nos sintamos más capacitados para poder sortear el obstáculo que sea. El solo hecho de poderlo verbalizar ya supone un ejercicio de liberación que en caso contrario, si nos lo guardamos para nosotros, puede hacerse una pelota en nuestra mente con un efecto bola de nieve devastador.
Nuestra existencia se va modificando con el paso del tiempo y hay que estar atentos a la salud de nuestra red de apoyo emocional. Conviene hacer el esfuerzo por entablar relaciones positivas con otras personas y ser tenaces en el mantenimiento de las mismas. Debemos ser activos en ello para podernos asegurar esa red que hará que nuestra existencia sea más rica de matices y de perspectivas y que en un momento dado nos puede salvar la vida.
Creo que es importante también tomar consciencia del bien que hacemos cuando representamos un punto de apoyo para alguien, nuestros familiares, amigos… De la responsabilidad que implica el hecho de saber escuchar en el momento apropiado, de hacer esa pregunta clave, de dar el abrazo que el otro está necesitando…
QUEJA CONSTRUCTIVA Vs CRÍTICA DESTRUCTIVA
30 abril, 2012
La relación de pareja, dentro del ámbito de las relaciones interpersonales, tiene un peso específico puesto que los lazos emocionales que unen a las personas son profundos. Este tipo de relación necesita ser cuidada con esmero día a día y conviene que sus miembros estén atentos a cualquier síntoma de deterioro para poder intervenir antes de que sea demasiado tarde.
Uno de los síntomas que indica el deterioro en una relación de pareja (o cualquier tipo de relación interpersonal con lazos emocionales profundos) es la existencia de críticas destructivas. Si éstas son constantes, entonces es probable que la relación esté en un punto de no retorno a no ser que se ponga mucha voluntad en reconstruirla.
Para empezar, una crítica destructiva se produce, normalmente, en el punto álgido de una discusión y como consecuencia del hecho de que la persona que la verbaliza siente que sus quejas no son escuchadas o/ni tenidas en consideración.
Lo que caracteriza a una crítica destructiva es que se trata de un ataque frontal contra el carácter del otro y no a sus actos. Por ejemplo: quedamos con nuestra pareja a una hora y ésta se retrasa. Nosotr@s enfadad@s en lugar de decirle con un tono firme pero no agresivo: “Estoy molest@ porque te has retrasado y siento que no has tenido en consideración el hecho de que para mí era muy importante llegar puntual.”, le decimos agresivamente, con resentimiento: “Eres egoísta, has demostrado una vez más que no se puede confiar en ti… Está claro que no tienes remedio”. La diferencia es grande puesto que en el segundo caso quien es criticad@ recibe un impacto emocional corrosivo. Lo más probable es que se sienta avergonzad@, humillad@… y termine reaccionando a la defensiva, incrementando el conflicto.
Cuando este tipo de situaciones se repiten con frecuencia, cada una de éstas sienta las bases para la siguiente produciéndose una escalada de sufrimiento. Y las reacciones fisiológicas que se producen (aumento del ritmo cardíaco y secreción hormonal…) repercuten cada vez más profundamente en nuestro organismo.
Para evitar la frecuencia de este tipo de situaciones es necesario, primeramente, que exista respeto entre los miembros de la relación. Seguidamente puede resultar muy práctico establecer un procedimiento de comunicación con diferentes puntos entre los cuales pueden estar los siguientes:
- Atajar la discusión a tiempo y tranquilizarnos. Tomarse un tiempo muerto (de unos 20 minutos para dar tiempo a que el organismo vuelva a su estado hormonal de equilibrio) y salir a dar una vuelta, hacer estiramiento muscular, una relajación…
- Combatir los pensamientos automáticos negativos que nos puedan asaltar sobre nuestra pareja, haciendo el esfuerzo de buscar argumentos o perspectivas que permitan cuestionarlos.
- Intentar extraer los aspectos relevantes de lo dicho por el otro, obviando los aspectos negativos (cómo lo dice…) Esto permite comunicarle al otro, sin violencia, que estamos de acuerdo con lo esencial y no con la manera en que lo dice.
- Saber aceptar los propios errores y saber pedir disculpas.
En una relación de pareja sana (recordemos que puede ser aplicado a cualquier relación interpersonal de lazos profundos), los miembros se sienten libres como para formular abiertamente quejas.
Haim Ginott, uno de los primeros estudiosos de la comunicación eficaz, propone un modelo para expresar una queja correctamente, es decir, evitando el desembocar en un ataque personal. Se trata del modelo “X,Y,Z” y tiene la siguiente forma: “Cuando dices X me haces sentir Y. Me habría gustado Z”.
Saber dominar nuestro pensamiento y saber verbalizar nuestros sentimientos ante una situación conflictiva es una competencia emocional clave para la salud de nuestra relación de pareja. Es importante incorporar en nuestro repertorio emocional una manera constructiva de reaccionar en momentos “candentes”. Por ello es necesario que practiquemos en momentos menos “candentes” y de esta manera afianzar nuestra memoria y automatizar este tipo de reacciones constructivas.
LA FLEXIBILIDAD MENTAL
23 abril, 2012
La flexibilidad mental (pensamiento adaptativo) es uno de tantos conceptos que han saltado de la esfera científica de la neurociencia y la psicología a la esfera de lo social. Ser flexible a nivel mental es una posibilidad que tiene el ser humano que le ha sido muy beneficiosa a lo largo de la historia. En un entorno económico-social donde el cambio es una variable muy presente, como lo es en la actualidad, la flexibilidad mental requiere ser fomentada de manera consciente para propiciar una óptima adaptación a las circunstancias.
Uno de los factores que ayudan a propiciar la flexibilidad mental es la de desterrar miedos provocados por los pensamientos. Éstos provocan un torrente bioquímico que determina nuestra vivencia emocional y nuestro estado de ánimo de tal manera que nos hace percibir la realidad bajo una determinada perspectiva.
La manera de desterrarlos es tomando consciencia de su existencia, tomando consciencia de qué nos decimos y qué sentimos ante una situación dada. Este es el primer paso para poder ofrecer una alternativa que nos sea más beneficiosa. Si, por ejemplo, logramos tomar consciencia de los pensamientos desalentadores y la vivencia emocional negativa que tenemos de nuestro futuro inmediato, entonces tendremos la posibilidad de serenarnos y propiciar que nuestra mente pueda analizar la situación de tal manera que pueda encontrar alternativas que de otra manera le resulta imposible.
Los estados de ánimo positivos aumentan la capacidad de pensar de manera flexible y creativa. Ayudan a la concentración y amplían el horizonte de expectativas en el sentido que el análisis que se hace de la situación, las relaciones que se pueden llegar a establecer abren el campo de posibilidades para la acción. Y es que además propician que la memoria colabore recordando situaciones que proporcionen soluciones en la misma línea positiva.
Las circunstancias que nos tocan vivir no las podemos cambiar. Podemos decidir cómo vivirlas y qué hacer ante éstas.
TENER CONCIENCIA DE LAS PROPIAS EMOCIONES
16 abril, 2012
Si hay una habilidad emocional que se pueda calificar de fundamental esta es la que nos capacita para ser conscientes de nosotros mismos. Es decir, de ser conscientes de nuestros estados de ánimo y de los pensamientos que tenemos acerca de estos estados. Cuando somos capaces de ello tenemos muchos números de ser capaces de controlarnos. Cosa muy importante para evitar reacciones de las que nos arrepintamos, a veces de por vida, una vez pasado el estado de agitación emocional.
A este tipo de atención hacia uno mismo Freud la llamó el “ego observador”. Los científicos lo entienden como la intervención del neocórtex (la parte del cerebro donde tiene lugar el pensamiento consciente) ante una reacción emocional. De esta manera nos sobreponemos al torrente químico desatado por parte de la amígdala y el hipotálamo ante una situación dada y nos adueñamos de nosotros mismos con la posibilidad de transformar nuestros sentimientos.
Es aconsejable acostumbrarnos a hacernos la siguiente pregunta: ¿qué siento en este momento? Esta pregunta tiene la capacidad de conectarnos con el presente más absoluto, con nuestro ser, nuestro latido del corazón… Esta pregunta nos ofrece la oportunidad de entrenarnos como observadores de nosotros mismos. De tomar consciencia de qué situaciones, contextos y personas nos afectan y de la manera en que nos afectan. Extraer conclusiones de ello y obtener conocimiento para situaciones futuras.
Podemos poner en práctica un par de recursos en momentos de zozobra emocional. Una de ellas es la de respirar profundamente. Conectar de este modo con nuestra respiración, a parte de obtener una aportación suplementaria de oxígeno que nos ayudará a pensar mejor y apaciguar nuestra presión sanguínea, nos ayudará a permitir la intervención de nuestro cerebro racional.
El otro recurso, complementario al primero es el de tomar consciencia de nuestros pies. Del contacto de nuestros pies con el suelo. De esta manera seguimos propiciando que nuestra mente se desboque.
Si ante un momento emocional intenso respondemos respirando de manera profunda y a tener consciencia de la posición de nuestros pies, la pregunta: ¿qué siento en este momento? será más fácil de ser planteada y respondida. Y por lo tanto tendremos más capacidad de autocontrol.
SOBRE EL RESENTIMIENTO
9 abril, 2012
El resentimiento es uno de los estados de ánimo más perniciosos en el que podamos instalarnos. La alegría y la felicidad verdadera no tiene cabida en aquellas personas que viven con resentimiento.
El resentimiento se sustenta en un discurso que interpreta que hemos sido víctimas de una acción injusta. Teníamos derecho a conseguir algo que nos ha sido negado o a conseguir algo mejor de lo obtenido. Este discurso también lleva asociado el juicio de que una persona o grupo de personas, etc…, nos vetó el poder conseguir aquello que legítimamente nos pertenecía. Es decir, señalamos a un tercero como responsable de la injusticia. Todo ello lleva asociada una declaración de venganza: aquél o aquellos a quienes hacemos responsables de la injusticia recibida, pagarán por ello.
Los efectos perniciosos de vivir instalados en el resentimiento son varios. Uno de ellos es que limita nuestra capacidad de acción. El peso del pasado lastra la vivencia del presente y estrecha las posibilidades del futuro en tanto que interpretamos que seguiremos siendo víctimas de un trato injusto. Otro efecto funesto es que nos arrebata la libertad en el sentido de que vivimos dependientes a nivel emocional de la persona o personas que cometieron injusticia para con nosotros. El odio hacia el otro y la sed de venganza se convierten en guía de nuestra existencia.
A diferencia de la ira, el resentimiento crece en silencio. En la impotencia de pensar que hemos sido víctimas de una acción injusta y que no tenemos la capacidad de poder cambiar la situación, ni siquiera de poder expresar nuestra ira. Pero tenemos la posibilidad de superar este esclavizante estado de ánimo.
Una manera de superarlo es mediante la aceptación de los hechos consumados. Aceptando que no es posible cambiar el pasado. Esto nos coloca en el camino de poder transformar el futuro.
Otra manera es repensando el fundamento de nuestro juicio. Examinando de nuevo la situación, nuestro obrar, el del otro… Y constatar si cabe otra posible interpretación de lo ocurrido.
En el caso de estar convencidos de ser víctimas de la injusticia de terceros, tenemos la posibilidad de efectuar una reclamación. Que es distinta a una queja o recriminación, puesto que en este caso lo que se da es rienda suelta a la ira con lo que podemos deteriorar la comunicación o la relación con el otro.
La reclamación, empieza creando el contexto para la conversación del reclamo: (“Tengo que hacerte un reclamo.”), sigue advirtiendo al oyente del carácter de la conversación que se inicia: (“Me prometiste que acabarías el trabajo en una semana. No lo has cumplido y por ello me he visto perjudicad@.)” A partir de aquí se entra en el núcleo del reclamo: a) declarando el perjuicio sufrido (“Me he visto obligad@ a cancelar la inauguración del local y mi reputación se ha visto afectada.”), b) declara la responsabilidad de quien no cumplió (“Te hago responsable de estos perjuicios.”) y c) procede a pedir una compensación (“Como forma de asumir tu responsabilidad te pido a cambio X”.)
Si el interlocutor acepta nuestra argumentación y la reparación, el resentimiento se disuelve y cerramos el reclamo con un “Gracias”. Si no acepta la reparación pedemos negociarla, si no acepta nuestra argumentación tendremos la oportunidad de ver su punto de vista, su honestidad o falta de ella, si entendimos una cosa distinta cuando se estableció la promesa, compromiso…, tendremos la oportunidad de replantear nuestra relación con el otro, declararla clausurada… Pase lo que pase habremos tenido la oportunidad de cerrar una conversación privada de la que se nutría nuestro resentimiento.
Cuando el daño recibido está fundamentado y no puede ser reparado por el otro nos queda la declaración de perdón para cerrar la conversación abierta en el pasado.
Es vital cerrar este tipo de conversaciones. El resentimiento envenena nuestra existencia. La manera de interpretar la realidad y de interactuar con los que nos rodean y nuestro entorno.
Les recomiendo la lectura del libro: Ontología del lenguaje de Rafael Echeverría.
LA CAPACIDAD CREADORA DEL LENGUAJE
2 abril, 2012
Friedrich Nietzsche posibilitó una interpretación del lenguaje, desarrollada y consolidada a lo largo del siglo XX, que se apartaba de la que venía siendo hegemónica desde los tiempos de Sócrates. Tuvieron que pasar muchos siglos para asumir que el lenguaje no solo nos permite hablar “sobre” las cosas, describir la realidad sino que el lenguaje crea realidades, hace que las cosas sucedan. El lenguaje es acción.
El uso del lenguaje que hacemos tiene consecuencias. Lo que decimos y cómo lo decimos o aquello que callamos abre o cierra posibilidades para nosotros mismos y para los demás. Tenemos la capacidad de modelar el futuro, modelar nuestra identidad y el mundo en que vivimos. Mediante el lenguaje podemos proponer cosas, coordinar las acciones necesarias para que las propuestas puedan realizarse… Una vez realizadas podemos reflexionar (utilizando el lenguaje) y aprender sobre lo que hemos hecho y de la manera en que lo hemos hecho.
Un aspecto que quiero destacar aquí es la capacidad que tiene el lenguaje, el uso que hacemos de él, para construir nuestra identidad. Esta construcción tiene dos direcciones.
Una de ellas es hacia el interior. Según nos hablemos a nosotros mismos, nos viviremos de una marera u otra y el mundo que percibamos será uno u otro. Por ejemplo, tras no conseguir un objetivo, podemos establecer distintos diálogos interiores: “soy un negado”, “no sé ni por qué lo intento”, “está claro que es imposible”… es uno de ellos. Otro posible es: “esta vez no lo he conseguido”, “¿qué debo cambiar para conseguirlo en el próximo intento?”. El primer diálogo interior nos hace vivir como un estado de cosas dadas que no puede ser modificado. Nos limita y limita nuestra capacidad de acción en el mundo. En cambio el segundo nos hace vivir como estando en continuo proceso y con capacidad para encontrar la manera más óptima de adaptarnos al entorno.
La otra dirección es hacia el exterior. Tiene que ver con la manera en que los demás nos perciben. Por una parte está el hecho de que según lo que digamos y/o la manera en que lo digamos, aquellos que nos escuchan nos percibirán de una manera u otra. Estableceremos con ellos un tipo de relación u otra.
Por otra parte quiero destacar la interpretación que afirma que no tenemos un tipo de conversaciones según la relación que tenemos con alguien. Sino que tenemos un tipo de relación según las conversaciones que tenemos con este alguien. Esto es importante tenerlo en cuenta porque nos dice que las relaciones son procesos no son estados de cosas. Por lo tanto si, por ejemplo, con nuestra pareja dejamos de tener ciertas conversaciones, de comunicar ciertas cosas, de proponer ámbitos de participación conjunta, etc… la relación que tenemos se verá modificada inevitablemente.
El lenguaje es una herramienta activa que permite proporcionarnos sentido como seres humanos que estamos en este mundo.
DISEÑO DE OBJETIVO
26 marzo, 2012
Uno de los elementos fundamentales de la dramaturgia es el objetivo. Cuando el protagonista establece su objetivo, empieza realmente el relato dramático. El objetivo activa su voluntad. A partir de aquí, utiliza los recursos disponibles a su alcance para diseñar una estrategia que le ayude a superar obstáculos, adaptarse a las nuevas situaciones… y de esta manera conseguir lo que se ha propuesto.
Un dramaturgo tiene que definir el objetivo del protagonista de manera clara. Para ello lo hace mediante un verbo y un predicado. Por ejemplo, el objetivo de Edipo es: encontrar al asesino del rey Layo. La claridad viene de la mano, también, de la concreción. De esta manera el espectador puede identificarse con el protagonista puesto que comprende en todo momento lo que está en juego en cada momento.
Para el diseño de nuestros objetivos personales podemos tener en cuenta esta norma que hace más de veinticinco siglos que funciona. También podemos apoyarnos en un modelo que nos proporciona la Programación Neurolingüística conocido como: POPPERT.
Este diseño nos permite pasar del Estado Actual (cómo estoy ahora) al Estado Deseado (cómo quiero estar). El POPPERT está constituido de los siguientes elementos:
- Positivo. Pensar el objetivo en términos de qué es lo que quiero, evitando pensar qué es lo que no quiero. (Saber lo que no se quiere ya es un qué, pero el saber aquello que se quiere es el inicio para conseguir la vida que uno desea.)
- Parte propia. ¿Depende este objetivo al 100% de mí? ¿Se trata de un objetivo autorresponsable?
- Especificidad. El objetivo ha de ser concreto.
- Evidencia. ¿Cómo sabré que he conseguido el objetivo? Aquí haremos un ejercicio mental que será el de imaginar una situación una vez que el objetivo esté conseguido. Registrar qué es lo que vemos, qué es lo que escuchamos y qué es lo que sentimos. Esas sensaciones provenientes de imaginarnos en nuestro Estado Deseado nos servirán de referencia para saber hasta qué punto se han cumplido nuestras expectativas.
- Recursos. ¿De qué recursos dispongo (a nivel de conocimiento, habilidades, económicos, logísticos…) para conseguir el objetivo propuesto? ¿Qué recursos necesito?
- Tamaño. El tamaño del objetivo debe ser asequible a nuestras posibilidades. En caso de no ser así lo que conseguiremos es frustración, angustia,… En el caso que nos propongamos un objetivo grande. Conviene, como apuntaba Aristóteles hace un tiempo, fraccionar ese objetivo en otros más pequeños. De esta manera podremos conseguir un objetivo superior mediante la consecución progresiva de otros secundarios.
Escriban el diseño de su objetivo en un papel. Les servirá de referencia durante el proceso de consecución. Podrán ser conscientes de las modificaciones que puedan surgir…
Con un buen diseño de objetivo habrán recorrido el 50% del camino. Les animo a utilizar esta herramienta.










